P.S

Las postdatas o post-scriptum se escribían antiguamente para dejar un recordatorio o agregar algo corto no mencionado en la carta. Por aquel entonces, la escritura en tinta sobre papiro no permitía agregados, ni borrar renglones. De ahí la post-data (si era unos días más tarde o luego de haberla ya firmado). Este añadido generalmente era corto y preciso.
Mi madre comparaba a las despedidas con una post-data. Cuando llegaba la hora de saludar a sus seres queridos -aún sabiendo que pasaría mucho tiempo hasta que volviera a verlos- decía con vehemencia: “no hagamos la post-data más larga que la carta“. Ella hacía de cuenta como si nos fuéramos a ver al día siguiente. Lo que parecía frío y casi antipático ayudaba a los que partían o a los que quedaban a ahorrarse lo patético de la separación.
En esta vuelta a Europa adopté su postura y me fui sin grandes ademanes de tristeza o de angustia. No quise avisar mucho ni sacudir las manos como si me fuera a Marte. Al fin de cuentas uno va y viene. Además gracias a la tecnología las distancias se han acortado.
Pero mi ida a Ezeiza me demostró una vez más que la vida es una gran aventura: cuando ya habíamos pasado el peaje de la Ricchieri la Amarok de mi hermano empezó a corcovear como matungo arisco: rotura de dirección. La batería comenzó inmediatamente a consumirse. Mientras N intentaba dominar no sólo el volante sino sus nervios, fue tirándose poco a poco a la derecha, para evitar que algún energúmeno nos llevara puestos. En menos de 10 minutos la camioneta dejó de respirar y decidió dejarnos ahí tirados. Lugar: La iglesia de los Mormones, partido de La Matanza. Los tres que estábamos viviendo este episodio, nos preguntábamos cada uno por dentro cuál sería el sentido o la casualidad de haber ido a parar frente a esa iglesia, pero como no nos da por lo esotérico la respuesta de mi hermano fue simple y llana: mala leche. Mi sobrina inmediatamente llamó a un Uber para que yo no perdiera el vuelo. Mi hermano al remolque. Esos 20 minutos que tardó en llegar el Uber teníamos en frente de nosotros la autopista, detrás a los Mormones y en el medio varios autos que pasaban y al mirarnos, no terminaban de decidir si se llevarían mi enorme valija Rimowa , la bicicleta de montaña de 78 cambios que mi hermano tenía en la caja o raptarían a mi bella sobrina, o las tres cosas juntas. Durante 20 minutos nos sentimos parte de un libro de Stephen King o de una película de Tarantino: „Atascados y poseídos en Ciudad Evita, parte 1“
Pero acá no termina la cosa. A las tres horas del despegue parecía como si estuviéramos en una montaña rusa. Los chicos que estaban sentados al lado mío comenzaron a transpirar del miedo; yo (haciéndome la canchera y superada) les dije que mis dos hermanas habían sido azafatas y que justo ahí, a la altura de Bahía, siempre había turbulencias que duraban muy poco. A las 5 horas de tormentas, truenos y rayos, entre Alás, Vírgenes y plegarias de todo tipo los 477 pasajeros del Boeing se habían vuelto de golpe creyentes y los chicos de al lado mío no me dirigían más la palabra. Al mismo tiempo yo pensaba que, justo en este viaje (en el que no me había despedido de muchos y en el que había querido que mi partida pasara inadvertida), si el avión se caía pasaría a aparecer en la portada de los diarios. Y lo peor: más de uno, más que lamentar mi muerte, pensaría lo ingrata que había sido por no haberles dicho siquiera CHAU.
Dicen que yerba mala nunca muere y acá me ven, del otro lado del océano vivita y coleando, y agradeciéndoles nuevamente a todos los que me acompañaron, los que me mimaron y los que me secaron las lágrimas. Porque me ayudaron a pasar un momento -que siempre temí no poder manejar- con paciencia y con sabiduría. Respetaron mis tiempos, acariciaron mi tristeza con ternura.
A los que me preguntaron y me preguntan si voy a volver, les digo y les repito que sí. Porque Argentina es mi tierra y porque ustedes se han convertido en una orilla donde puedo volver siempre a echar anclas.
Esta fue mi carta. La post-data: Feliz Domingo para todos!

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Creatividad

Cuando uno tiene una idea creativa, ve – por lo general- el resultado de antemano, o aspira a llegar a tal. En mi última experiencia, mientras hacíamos con mi amiga I el collage, todo el concepto que habíamos desarrollado a priori desapareció por completo y terminó en otro lugar inesperado, lejano a la idea original. Esto ya lo había escuchado de varios artistas, sean pintores, músicos, escritores o cineastas. Empiezan con una idea y esta se transforma de tal manera que nada tiene que ver con la idea original. Los mismos nombran al estado creativo como de suma libertad: libre de pensamiento, de control y de manejo sobre el desarrollo de la obra. Me costaba entender esto, porque „dejar de pensar“ estaba para mí asociado a meditar (cosa que nunca pude poner en práctica). Ahora empecé a entender que, más que poner a la mente en blanco, se trata de poner la atención hacia lo que se está creando. Así dejamos a un lado ese „ego“ que nos tienta con la vanidad, con lo políticamente correcto, con la estética de la obra, con el querer „gustar“ al observador o al lector. Entonces le damos lugar a la expresión creativa y descubrimos lo que genuinamente está pasando en ese preciso momento. Tuve esa grata sorpresa cuando I y yo empezamos a permitir que la obra nos diera las pautas para seguir adelante, para cambiarla y finalmente para terminarla. Haber vivido el proceso sin saber adónde nos llevaría, nadando en la incertidumbre.
Comparto este dato y esta experiencia porque creo que es aplicable a todo tipo de situación y a toda relación humana.Y no únicamente a un proceso artístico.
Cuando tenemos nuestros pensamientos e ideas enfrascados en un resultado o meta X, no sólo nos limitamos a abrirnos a nuevas ideas, sino que tampoco nos permitimos examinar si eso es algo verdaderamente nuestro. Quizá el estado más interesante sea el de dejar que las cosas ocurran sin tratar de intervenir demasiado en su desarrollo y en sus tiempos. Estoy profundamente convencida de que todos somos creativos: a la hora de tomar decisiones, de educar, de entablar relaciones personales, de manejar nuestra vida.
Estar atento durante el proceso en el que vivimos es lo que nos hace automáticamente más generosos porque nos exige ver y abrirnos a lo que ocurre en ese preciso momento a nuestro alrededor. En mi caso, trabajando en conjunto con otra persona, me ha ayudado a enriquecerme, a salir de mis ideas y conceptos para darle lugar al del otro. Quizá sea este el secreto para poder entablar un diálogo con todo lo que nos pasa en nuestro entorno, sea como artista, padres, hijos, amigos, simplemente como personas. En general andamos saturados con imágenes, con lo cotidiano, y nos solemos alejar de lo que realmente obedece a nuestras propias experiencias, ya que se pierden en el mundanal ruido del vivir el día a día.
Estimo que el camino para llegar a involucrarnos en el proceso sea simplemente partiendo de la observación. A través de ella, percibimos los tiempos, los humores, los momentos oportunos para decir, hacer, para rever la dirección que estamos tomando. Para observar no hace falta hacer ningún curso ni recurrir a un Gurú. Sólo se trata de estar atento..
Presumo que es la incertidumbre la que nos tienta a agarrarnos de conceptos rígidos y la que nos lleva a tratar de controlar nuestras vidas -a veces la de los demás- para que encajen en esa ficción -que llamamos realidad- que nos hemos inventado con el fin de que todo salga bien, de la forma que pensamos se espera de nosotros.
Fundamentalmente creo que vivir en un estado creativo nos ayuda principalmente a resolver problemas en la vida cotidiana, porque la creatividad nos presenta posibilidades que tal vez nunca hubiésemos imaginado o tenido en cuenta. Hoy les deseo a todos un estado creativo para poder darle la vuelta a aquellas cosas que a veces parecen no tener salida. A animarse a indagar en las mil posibilidades que la vida nos brinda. Sobretodo, y como siempre les deseo un Feliz Domingo.

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Colectiveros

El colectivero gritó impaciente: „ un asiento para la señora por favor“. Se levantaron 4 personas apresuradamente, pero la chica contestó: „ no, no estoy embarazada, solo entrada en carnes“. Para cuando algunos pasajeros oyeron la respuesta, la gordita ya se había sentado muy oronda, sin complejo de culpa, como si la ofensa producida por el chofer le hubiera dado aval para tomar el asiento cedido. Mientras algunos se reían a escondidas, otros la miraban con envidia. Ella, en cambio se puso los auriculares, e hizo como si nada hubiese ocurrido.
A mí lo que me llamó la atención de esta anécdota no fue la impertinencia de la gorda, sino la reacción del chofer. El tipo está manejando, viendo que la SUBE pase correctamente, fijándose por el espejo retrovisor de no encerrar a algún kamikaze en bicicleta, abriendo y cerrando puertas y además observando a los pasajeros y retándolos para que tomen en consideración a los que realmente necesitan el lugar. Porque si hay algo detestable es ver cómo todos a la hora de darle el asiento a una embarazada, una madre con hijos, personas mayores o discapacitadas se hacen olímpicamente los boludos.
Desde que tengo uso de razón, esta profesión acá en Argentina ha merecido no sólo mi respeto sino mi mayor admiración. Además este trabajo en Buenos Aires es más arriesgado que tirarse de un Jet en paracaídas. Cuando veo a los colectiveros con sus Ray Ban -made in china-, sus pulseras de cuero y poniendo cara de velocidad, presumo que se deben sentir como Tom Cruise en Top Gun. Y no es para menos. En mi última viaje deduje que el promedio de edad de los conductores es entre 27 y 55 años. Debe ser que antes de los 27 no acumularon la experiencia necesaria, y después de los 55 ya están para internarse.
Recuerdo la época en que en los colectivos el chofer daba los boletos, contaba las monedas, pedía cambio, se prendía un pucho, pasaba a la mano izquierda para ir más rápido y saludaba a sus colegas de colectivo a colectivo. El estrés generado no sólo por el manejar en una ciudad como Buenos Aires, sino la responsabilidad que llevan encima es digna de mi asombro. Ahora con la SUBE, los cambios automáticos y el Metrobus presumo que los colectiveros de antaño deben reírse de semejante „lujuria“ o simplemente de envidia.
Además hay cosas que solo ocurren en este país: por ejemplo el otro día en la avenida Santa Fé, ante el semáforo en rojo, dos colectiveros de la misma línea comenzaron una charla muy privada, uno le pasó una bebida al otro y mientras atrás comenzaban a tocar bocina (ya que la luz estaba en verde) ellos siguieron la conversación como si estuvieran en Plaza Lezama esperando la llegada de su banda favorita. Estas exquisiteces tan típicas, tan porteñas son para los extranjeros inexplicables. Los que estábamos arriba disfrutábamos felices de la charla, ya que uno le contaba al otro que al fin „la mina“ le había dado el teléfono, pero que él se haría el interesante y esperaría unos días para llamarla. Así estábamos todos los pasajeros de la parte de adelante con las orejas tipo Dumbo, y rogando que la „micro-novela“ siguiera en el aire.
El colectivero lleva la foto de su hijo, de su madre, pinta en el espejo el mensaje de amor a su novia, y entre las vírgenes de Itatí o del Luján y los filetes amanerados también aparece su Club de Fútbol. El colectivero porteño es parte del ícono y de nuestra poesía tanguera del arraval. Son mis ídolos. Salvo cuando meten la pata. Ayer cuando subí al colectivo el chofer pidió que cedieran el asiento para mí. En mi caso por la edad. Sí, ya tengo turno con el psicólogo, cirujano plástico y estoy tomando antidepresivos. Y sí, son mis ídolos, pero no tan perfectos…
Feliz domingo

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24 de Febrero

Hoy, 24 de febrero, coinciden dos hechos, para mí, especiales: cumplo años y estoy escribiendo mi columna número 100. Jamás pensé que esto -que empezó como una broma y un estado de ánimo arrítmico y antojadizo- pudiera durar dos años, y menos aún que llegaría a escribir durante 100 domingos. Con motivo de mi cumpleaños, hoy mi vanidad es mucho más fuerte que mi disciplina y tengo que ponerme estupenda con brillos, tacones y perfumarme para darle la bienvenida a mis 54 años. Esto significa tiempo y dedicación (absolutamente frívolos pero inevitables ), los cuales me sacan el tiempo necesario que podría usar para contarles alguna anécdota vivida, soñada o inventada.

La verdad es que uno se repite en los temas y en las formas. La manera de ver el mundo no cambia ni con temas puntuales ni actuales. Presumo que hoy no se van a perder nada nuevo. Probablemente la óptica personal del mundo tenga fundamentos muy arraigados, no tan fáciles de cambiar o de variar. Mi mirada y mi búsqueda están siempre orientadas hacia la absoluta libertad: entendida como el liberarse de miedos, de codicias, de preceptos ajenos, de prejuicios, de mandatos heredados, de miserias personales. Tarea dificilísima pero que, a mi entender vale la pena ejercitar.

Cuando escribo trato, por encima de todo, de ser auténtica en mis pensamientos y en mis sentimientos. Y eso tampoco es fácil. Además intento ponerle un poco de gracia al asunto para que, aquellos que los lean, no se aburran soberanamente. Calculo que todo lo que uno expresa -sea a través de una manifestación artística o simplemente (como en mi caso) domingueando con una columna-  deja entrever mucho del alma del que se expone. Así que los que no me conocen tanto, o a los que por la distancia y el tiempo no veo, podrán imaginarse o hacerse la idea de cómo vibra la arquitectura de mi alma.

Prometí que cuando llegara a la publicación número 100 mandaría a imprimir un pequeño libro -con lo ya publicado- para dejárselo a mis nietos. Y lo voy a cumplir. Quizá, en algún futuro incierto, puedan ellos también descubrir y comprender -a través de estas reflexiones y delirios domingueros- el espíritu libertario de su abuela. 

Pero hoy simplemente voy a descorchar un buen champagne en honor a la vida. Este año, mi cumpleaños tiene una peculiaridad: la ausencia de mi madre. Por eso voy a brindar sobretodo en honor a ella. La que me trajo al mundo y la que siempre me tomó tiernamente de la mano. A través de sus ojos comprendí que la vida es bella pese a toda adversidad.

Hoy levanto una copa por ella, por mí y por la vida misma. Y además por mis amigos que me siguen acompañando todos los domingos desde este medio, porque me alientan a seguir sacudiendo lo que me inquieta, lo que me mueve y me conmueve, lo que quiero contar en voz alta. Les quiero agradecer que tengan la paciencia de leerme y de darme el visto bueno, coincidan o no con mis puntos de vista.  Aún a mis 54 años no he logrado prescindir de la aprobación ajena. Porque todo lo que uno expresa, sea a través de la escritura, la pintura, la música, el cine o simplemente cocinando, necesita un interlocutor que esté ahí para golpearle a uno el hombro y decirle que siga adelante. Hoy en el día de mi cumpleaños no me queda ni más ni menos que decir GRACIAS. Y por supuesto a todos como siempre: FELIZ DOMINGO. CHIN CHIN !

La fiesta puede empezar!

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Hablan

Las muletillas son siempre una especie de bastón que nos permite hacer una pausa mientras pensamos lo que vamos a decir. El: „¿qué te iba a decir? ; „cheeeee, de qué estábamos hablando?; o también „ y eso, nada“. Son unas de las tantísimas ayudas a la hora de continuar o de hacer una pausa durante la conversación. Existen otras expresiones, como: „pero buehhh“ „pero nada“ „yyyy sí“ „qué se yo“, que también forman parte del repertorio del silencio, o intentan dar por finalizada la charla. Hay personas que forman hileras de muletillas, o expresiones que no dicen nada; o que intentan llenar una conversación sin consistencia. Este fenómeno está ya registrado y es denominado BLABLA o BLA BLA. (véase wikipedia!) Fácil de pronunciar para los chinos también. Ejemplo:
El otro día en el tren una mujer hablaba en su celular y repitió esta frase varías veces: „ De hecho no me cabe, pero bueh, qué te iba a decir, no nada, es decir, no sé, o sea que la cosa es medio como que no va“.
Además de los desatinos en el habla, hay grupos que manejan su propia jerga, que se asemeja más a un jeroglífico oral que al deseo de comunicarse con el receptor del mensaje. (O, el receptor les importa tres carajos). Ejemplos:
El familiar: „Te cuento que Juan le dijo a su papá que lo que había dicho Carlos no era así porque su tío le dijo que lo que había dicho su nieta no era cierto”
El médico: „El diágnostico no es claro ya que se trata de una acinesia derivada de una adenitis unilateral, la cual se ve claramente en la corteza cefálica; de ahí un cloasma facial complejo. Se manifiesta una leve dermatosis subcutánea con una dilatación sanguínea. Leve metaplasia. Metabolización celular lenta”
El político: “Dados los condicionamientos actuales y la complejidad de la situación apuntaremos al cumplimiento de deberes de las condiciones administrativas existentes dentro de la estructura coyuntural como modelo de desarrollo organizativo”
El psicológico: „El subconsciente nos dice que la apertura del super Yo se encuentra en un estado subliminal como mecanismo de defensa. El territorio de los deseos no se canaliza, producto de una psicosis durante la fase oral el cual reprime las tendencias y signos traumáticos de los impulsos patológicos del mismo“.
El artístico: „Las pinceladas libres son un reflejo de la influencia expresionista donde la intensidad cromática de las mismas está claramente marcada por las tendencias neorrealistas propias de la época con matices auxiliares dentro de un marco de la posguerra, que deriva en una obra típicamente posestructuralista“
El esotérico: „Su karma está impregnado con un aura que no fluye, lo que bloquea el conectarse con su ser interior, y es lo que detiene la expansión de la luz energética de su chacras; la alienación cósmica impide vivenciar las vibraciones para estar en sincronía con el universo“
El dominguero: „ Uyyy, con la resaca de ayer me colgué de lo lindo y no puedo ir al asado, sí ya sé no me lo digas, pero bueno nada,es así, te juro me hubiese encantado pero viste como es no? además tengo que pasar por lo de los viejos y ahí sí medio como que no llego, ya sabes mañana largo temprano y nada qué se yo, me agarró la fiaca pero mal, no sé, bueh, te llamo el viernes mejor y cualquier cosa arreglamos, avísame“
El mío: simple y llanamente: „Feliz Domingo“…

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Platón

Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera…“ Soñadora e ilusa como siempre, me gustaría pensar que cuando hablamos de „hermanos“ nos referimos a todos los simios que habitamos este planeta. Los de afuera son las aves de rapiña que aprovechan y meten cizaña en el conflicto para sacar provecho del mismo.
La mayoría de las personas seguimos calificando dentro de los parámetros del negro y del blanco. Aún los que pasamos el umbral de los 50 (suponiendo que a esta edad uno haya aprendido ya ciertas cosas) nos seguimos moviendo en una especie de radicalización a la hora de hablar de política, de medicina, de religión o hasta de fútbol. Esto no es un fenómeno argentino, es mundial. Por ejemplo el caso Venezuela: se opina y se juzga desde todas partes del mundo sobre lo que debe hacer ese país. Pareciera que nos olvidáramos de que se trata de personas, de seres humanos. No de su producto interno bruto ni la paridad del poder adquisitivo o la renta per cápita. Tomo este ejemplo sólo para expresar que todo tipo de radicalización -como la que está ocurriendo no sólo en Venezuela sino también en nuestro país y muchos más- es dañina para todos. Nadie sale ileso, nadie gana. Sólo un manojo de personajes siniestros que hacen plata sacando provecho de la situación.
El tema de la radicalización de la sociedad hace que todo lo que viene de un lado o del otro -aunque sea bueno y coherente- sea vehementemente rechazado por el opositor. Es decir, aún habiéndose tomado una buena decisión en un tema puntual, se lo niega rotundamente solo por el hecho de proceder del „bando“ contrario. Esta insensatez es una práctica casi deportiva, pero seguir con esta tesitura me parece un poco infantil. Como si la reflexión a conciencia sobre un determinado tema no fuera posible. Como si tomar lo positivo de una propuesta equis no fuera pensable sin la total aceptación del resto. Bajo el lema: o todo o nada. La radicalización no hace posible discernir, examinar e invitar al diálogo para una solución conjunta que beneficie a la mayoría de los involucrados.
Como el tema de los extranjeros acá: se sigue escuchando diariamente a la gente y los medios hablando pestes de los mismos porque reciben beneficios, argumentando que si uno fuese al país de ellos no recibirían el mismo trato. ¿Acaso estará de moda y será chic aplicar la ley del Talión?
Vayamos por parte: si somos mejor gente y más generosos, mejor. Sí pensamos que la plata que se utiliza para ellos no alcanza, grave error.
En cinco minutos cualquier contador público de medio pelo nos puede hacer una cuenta fácil del haber y el deber en los gastos públicos y les aseguro que el costo en darles educación y salud al resto de los humanos no nacidos en nuestra tierra, es irrisorio. Poner en la mira lo que uno da para el bienestar de otros me resulta poco piadoso. Dejarse manipular por los medios, una imbecilidad.
Quizá sea hora de ejercer el apoliticismo, ya que los intereses de los que ejercen cualquier tipo de políticas no se llevan bien con la jurisdicción de la justicia, con lo cual nunca lograremos la absoluta transparencia a la hora de investigar sobre la verdad de la misma. El problema es que opinar sobre problemas ajenos a nuestro conocimiento y juzgarlos, no sólo nos aleja de nuestros problemas reales y cotidianos, sino que nos crea un estado de tensión y mala sangre que bien podría ser usado en hechos o pensamientos constructivos.
A Sócrates lo impulsaron a que cometiera suicidio. No sólo por negar las deidades griegas sino porque fue el padre del diálogo, de la examinación, del discernimiento, de la duda( trabajo que más tarde fue continuado por su discípulo Platón). Hoy quiero pensar que la ley del Talión está completamente démodé. A cambio, voy a evocar a Platón para hacer de este domingo un domingo de amor -aunque sea „platónico“- hacia nuestro sociedad, hacia nuestro planeta.
A todos Feliz Domingo…

 

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Corrientes porá

Hay personas que hacen el camino de Santiago; otras peregrinan a lugares exóticos. Estos últimos días, junto a dos de mis hermanos, hemos recorrido el sendero de la infancia de mi madre. Una suerte de duelo que nos llevó a su Corrientes natal.

Los cuentos de mi madre sobre sus primeros años en el campo siempre estuvieron ligados a la fábula de la fauna y la flora correntina. Ella tenía el don de contar historias reales con una pizca de fantasía, y aunque se tratara de anécdotas familiares, sus cuentos parecían historias que se asemejaban más a los cuentos de Horacio Quiroga que a hechos reales – fuesen o no protagonizados por algún pariente o amigo de la familia.

Lo curioso de sus cuentos era que ella nunca juzgaba el acontecimiento por más cruel que fuera. Porque es eso lo que uno aprende de la naturaleza: la aceptación de sus leyes, nos gusten o no.

Desde yararás, coatíes, carpinchos y yacarés, hasta las fábulas sobre el gauchito Gil  (sepultado en la estancia de sus padres) desde los puesteros con sus cuchillos, la muerte repentina de algún conocido por la picadura de algún insecto, hasta las anécdotas de su Goya natal –la petite Paris, como la llamaban por aquel entonces- con sus parientes excéntricos y de alcurnia:  todo esto formó un mosaico de anécdotas que formaron mi infancia y la de mis hermanos.

La mirada de mi madre a través de sus cuentos es la que nos ha dejado esa impronta tan especial: el no elevarse y el no sublevarse ante la naturaleza, porque ella esta por encima de todo. Presumo que esa observación de la naturaleza es la que nos ha enseñado el respeto, la humildad,  y sobretodo nos ha hecho ver lo efímera que es nuestra vida; la fragilidad de la misma.

El contar, el transmitir historias vividas y reinterpretarlas es lo que a uno lo lleva a soñar, a fantasear, a salirse de los cánones de la realidad, para encontrar un refugio donde uno mismo se haga su propia historia. Mi madre contaba con pasión y no le ponía limites a sus fantasías. La elección de sus palabras, el tono y el canto nos transportaban a un mundo mágico.

Cuando veía la cara triste de algunos de sus hijos, recapitulaba, improvisaba un final más piadoso con tal de secar aquella lágrima infantil. Sus arrumacos y sus cuentos nos dieron eso: alas para llevarnos a su infancia a través de una mirada tierna que ella tenía hacia esa naturaleza salvaje.

Recorrer ese collage de historias y anécdotas ha sido una experiencia única. Compartir estos días en familia en esos esteros generosos con calores de chicharras y dulce de mamón, nos ha reconfortado el alma.

Este viaje me ha acercado a su alma inquieta y vigorosa, espejo de la geografía correntina.

Lo que empezó como un peregrinaje en silencio, terminó siendo un reconocimiento a los orígenes y a la figura de mi madre. Sanador y de reencuentro con uno mismo, con los primos y tíos, con la historia y también con las fábulas que se llevan en el corazón.  Con la esencia de esa herencia que nos dejan los padres cuando parten. Otro motivo más para un total agradecimiento. Otro domingo más para desearles Domingo porá !

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